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[RESEÑA] Echo and The Bunnymen en El Plaza

Texto: @aldoelhombre

Fotos de Toni Francois, por cortesía Yunuén Velázquez

Las puertas de El Plaza Condesa se abrieron por ahí de las ocho y la gente comenzó a ingresar con la esperanza de una noche inolvidable en compañía de Echo & The Bunnymen. Velada que fue impresionante, salvo una cuestión que fue decisiva para no fuera catalogada de perfecta: el tiempo.

Al recinto acudieron, en su mayoría, señores con la experiencia tallada en las canas, ‘chavorucos’ y entes exóticos que vestían sombreros, gabardinas, cabellos largos, negros y lacios, además de sus respectivas botas gigantescas; en las mujeres el crepe fue factor característico.

Odisseo, banda encargada de abrir el concierto, dejó bastante que desear. No prendió al público, además de la poca disposición que tuvo éste para escuchar a un telonero lejos del nivel de los británicos estelares.

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Después de casi 20 minutos llegó Ian McCulloch a re-encender la noche con su personalidad fantásticamente pedante. Fue Meteorites, con  todo y el sentimiento que engloba el tema, el preludio de una noche para fans. Continuó Rescue, para que los asistentes dejaran de lado la introspección y se unieran al salto de las notas potentes del bajo. Ian comenzó con su tributo a The Doors al transformar Villiers Terrance a Roadhouse Blues“, con la maestría de quién trae los acordes punk en las venas. Después, cerraría su tributo al Rey Lagarto con People Are Strange.

All My Colours sonó impresionante entre todo el repertorio de hits que los ingleses depusieron sobre la masa que cantó con ellos; y cuando pensamos que el clímax había llegado, los primeros acordes de The Killing Moon retumbaron en El Plaza provocando la explosión total de júbilo y emociones con reminiscencias del pasado. Continuó The Cutter y el movimiento de cabezas de los fans al ritmo de la música no paró hasta que el encore llegó.

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Al volver al escenario, la melancolía de Nothing Lasts Forever puso fin al fervor del respetable. No obstante, Lips Like Sugar devolvió toda la energía y pasión al público en una especie de dialéctica emotiva. Despúes de eso se marcharon y parecía que se avecinaba un segundo encore, lamentablemente Echo & The Bunnymen se quedó tras bambalinas.

Las canciones fueron seleccionadas a la perfección para que la noche fuera inolvidable; la pasión fue de menos a más; la actitud de la banda pareció mejor que la de su última visita a nuestro país y el sonido rozó lo sublime. Pero, en definitiva, faltó más tiempo. Más canciones. Más hits. Más de Echo & The Bunnymen. 

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